Por Ari Rajsbaum
Posiblemente hayas escuchado
hablar de los grandes prodigios que llevaban a cabo los antiguos chamanes para
controlar el dolor. Por ejemplo, la antropóloga Anne Chapman cuenta que entre
los indios selk’nam de la Tierra del Fuego (ver foto) ella fue testigo de cómo
un chamán se clavaba un flecha debajo de la clavícula. Aquellos que hemos
tenido la suerte de trabajar de cerca con grupos indígenas tradicionales hemos
escuchado historias semejantes en muchas ocasiones.
Por ejemplo, en una reunión
comcaac en Sonora, el chamán más viejo de la tribu me mostró una herida debajo
de la clavícula (en el mismo lugar del cuerpo en el que el chamán sell’nam se
había infligido la herida) y me comentó que se dio un balazo frente a toda la
tribu, que la herida no le hizo daño y tardó pocos días en cicatrizar. Los
hombres sentados en la asamblea asintieron y afirmaron haber sido testigos de
lo anterior.
¿Cómo hacen los chamanes para
controlar el dolor? ¿Qué tanto se puede controlar este? ¿Porqué hay personas
que resisten el dolor mucho más que otras? La educación que se da a los niños
¿influye en el grado de dolor, tanto físico como emocional, con el que vivirán
la vida? En las próximas entradas
hablaré sobre estos temas.

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