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sábado, 16 de junio de 2012

Un puesto de limonada

Por Irmgard von Wobeser

La mejor manera de promover habilidades en los niños, es entretejer el aprendizaje y desarrollo de las mismas, en las actividades cotidianas escolares y caseras. Existen muchas actividades que se pueden llevar a cabo que son divertidas  y que no cuestan dinero.

En el caso de la atención enfocada, Ellen Galinsky sugiere que debemos alentar a nuestros hijos a desarrollar un interés o una pasión hacia una actividad, deporte o tema. Galisnky narra una experiencia que tuvo su hija de 6 años cuando puso un puesto de limonada con sus amigos durante las vacaciones de verano. Los niños estaban emocionados con su pequeño negocio: calculando la cantidad de limones que debían de comprar, haciendo compras, poniendo el puesto, pensando en los posibles clientes y haciendo estrategias de ventas. 

Los niños necesitan un "puesto de limonada"  a lo largo de su niñez.  Por supuesto Galinsky no piensa que todo los niños deben entrar al negocio de los limones. Es simplemente una metáfora para expresar la necesidad de apoyar a los niños en el desarrollo de una pasión.

Todos los niños pequeños tienen intereses pronunciados, cosas que les fascinan más que otras: carros, superhombres, fútbol, perros, música, cocina etc. Este interés por cosas más allá de uno mismo realmente es central para la capacidad del niño de enfocar su atención.

¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a desarrollar su atención enfocada?
  • Observa a tu hijo para detectar sus intereses. 
  • Platica con él acerca del tema y permite que te explique lo que sabe. A los niños les encanta enseñar a sus padres lo que saben.
  • Ayuda a tu hijo a desarrollar este interés.  


Galinsky, Ellen (2010) Mind in the making: The essential life skills every child needs. Vook


miércoles, 9 de mayo de 2012

Jugar para mejorar resultados académicos


Por Irmgard von Wobeser

¿Qué necesita un niño para tener buenos resultados en la escuela y en la vida?

Actualmente se sabe que no basta tener un IQ alto y en contra de nuestra intuición se ha demostrado, que tampoco es suficiente cumplir con las tareas académicas para mejorar los resultados académicos.

Adele Diamond, una renombrada neurocientífica ha investigado el poder educativo del juego, los deportes, la música, la memorización y la reflexión.

"Entre más de ti se ve involucrado- el cuerpo, las emociones, todo - mayores logros puedes obtener, pues hay cambios en el cerebro. Se nutre el cerebro. Lo social nutre al cerebro. La alegría nutre al cerebro. La actividad física nutre al cerebro."

 Para poder con la escuela y con la vida los niños deben desarrollar las funciones ejecutivas del cerebro o sea la capacidad del cerebro para poder coordinar los diversos tipos de actividad mental que intervienen en cualquier experiencia humana y en especial en el aprendizaje.

Las funciones ejecutivas determinan cuanto aprendemos, cuanto logramos y como lo aplicamos a la vida cotidiana.

    Control inhibitorio. Esta habilidad nos da la disciplina, la atención y el foco que requerimos para permanecer en una actividad, en vez de dispersarnos, decir lo primero que nos viene a la mente o distraernos con otro estímulo. Necesitamos el control inhibitorio cuando estamos aburridos o cuando nos enfrentamos al fracaso. Necesitamos poder concentarnos en algo específico sin sentirnos abrumados por los estimulos del ambiente.
    Memoria de trabajo. Es nuestra capacidad de mantener la información en la mente, para jugar con ella, aplicarla en otros contextos y relacionarla con otra información. Requerimos de la memoria de trabajo para la creatividad, para resolver problemas y para adentrarnos en culaquier tema.
    Flexibilidad cognitiva. Es la habilidad que requerimos para modificar la perspectiva,  para cambiar la manera en la que pensamos acerca de las cosas,  para pensar acerca del pensar.

En resumen, los niños necesitan jugar, hacer deporte, tocar instrumentos, bailar, cantar y memorizar para poder desarrollar el cerebro y con ello, las tres habilidades de la función ejecutiva: el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva.
 
Entradas relacionadas
http://smarteriya.blogspot.mx/2012/05/aspectos-de-la-autorregulacion.html

jueves, 3 de mayo de 2012

Beneficios del juego

Por Ari Rajsbaum


El juego espontáneo en los cachorros (incluidos los humanos), crea “adultos más controlados, menos impulsivos y más inteligentes socialmente”, dice Jaak Panksepp, uno de los neurocientíficos que más han aportado a la comprensión de los sistemas emocionales en el cerebro. Divertirse como locos cuando los niños son pequeños genera adultos con menos impulsividad, más autocontrol y mejores relaciones sociales: ¿qué más le puede uno pedir a la vida?
Diversión plena y autorregulación, creciendo juntas de la mano. Quien lo iba a decir. Suena como el sueño de los hippies. Desgraciadamente, la realidad nunca es tan sencilla. Si nos acercamos a un grupo de niños, muchas veces estarán jugando felices, pero con frecuencia encontraremos niños retraídos, y si miramos con atención veremos que algunos parecieran jugar, pero en realidad están moviéndose con angustia de un lado para otro, o agrediendo a sus compañeros.

Es importante identificar las condiciones que facilitan el juego. Estas se pueden resumir en una sola palabra: seguridad. Si observamos otros mamíferos sociales, por ejemplo, un grupo de perros, veremos que individuos desconocidos se acercan primero con temor. Solo cuando ven que no hay agresión ni violencia comienza a surgir entre ellos un juego espontáneo.

Los cachorros juegan también contentos cuando su madre no se aleja por demasiado tiempo, cuando sienten la amenaza de que pudiera desaparecer veremos como el juego se torna en agresión, si pasa más tiempo los perritos se pueden quedar paralizados en su cubil. He aquí donde los padres cumplimos un papel; para que nuestros hijos puedan jugar libremente necesitan sentir que están en un ambiente seguro.

Suena sencillo, en teoría, pero en la práctica no lo es tanto. Para lograrlo hay que llevarse más o menos bien con la pareja, no estar sufriendo por pagar la renta del próximo mes, lograr mantener límites y orden para que los niños no desquicien a los padres, evitar que la furia por problemas laborales nos domine. Todas estas situaciones, con las que convivimos todos los días, pueden abonar un ambiente de agresión o descuido. En fin, la práctica siempre es mucho más difícil que la teoría.

De cualquier manera, si logramos generar en nosotros mismos, una actitud de juego en el trabajo, y en nuestras relaciones sociales vamos a promover que nuestro cerebro desarrolle lo mismo que en los niños; bienestar, autocontrol, inteligencia social.
Además de los beneficios anteriores, el juego es, según Paksepp, la cara opuesta de la depresión; el juego nos llenamos de motivación, entusiasmo y bienestar, nos vincula con otros y nos impulsa a hacer cosas. Eleva la calidad de nuestra concentración y fomenta que estemos activos de día y relajados de noche (en términos técnicos “regula nuestro ritmo circadiano”). Todo lo contrario de lo que sucede en la depresión.

¿Es posible ver el trabajo como juego?



Por Ari Rajsbaum

Los animales pasan mucho tiempo jugando, los niños pueden jugar y jugar sin detenerse. Esto hace pensar que el juego cumple  funciones importante en la vida. Esta actividad es tan importante que al estudiar cómo funcionan nuestras emociones en el sistema nervioso, el neuropsicólogo Jak Panksepp incluyó el circuito del juego como uno de los circuitos básicos en nuestro cerebro.

 El juego “real” (no el juego estructurado como el que se da en los deportes), es fundamental para el desarrollo de los niños, y para la salud mental en general. Como dice Panksepp, “el juego y la depresión podrían ser lados opuestos de la misma moneda”.  Mientras la depresión está acompañada de una reducción en el funcionamiento de la dopamina (la sustancia más importante en la generación de motivación), el juego está acompañado de una fuerte producción de dopamina.

 El juego está ligado a conductas espontaneas, a un sentimiento de diversión, a una fuerte motivación, a emociones de seguridad y bienestar. En el juego los niños aprenden las habilidades sociales para relacionarse entre ellos, generan desafíos físicos y mentales, en fin, ponen a prueba al máximo sus capacidades humanas cuando sienten que están en un ambiente y momentos seguros. Hoy en día se sabe que el juego es una de las actividades más importantes para el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso en general.

Si miramos con atención la forma en la que juegan todos los mamíferos (nosotros incluidos) nos daremos cuenta de que, entre muchas otras cosas que suceden durante el juego, los animales:

1)      Hacen grandes esfuerzos (corriendo de un lado para otro, tratando de adivinar los movimientos de sus adversarios y demás)
2)      Centran su atención al máximo en lo que está sucediendo
3)      Buscan enfrentarse a situaciones difíciles para tener retos que superar, un juego en el que no hay dificultad se vuelve aburrido.

¿Cómo puede ser que hacer esfuerzos, buscar desafíos y centrar la atención sea tan divertido y motivante en el juego? ¿Acaso no son precisamente el esfuerzo, los desafíos y la atención los que evocan una tremenda flojera en los adolescentes (y muchas veces en adultos)? Piense especialmente en esto: ¿Qué tan posible es que veamos nuestro trabajo como un juego? ¿Ha notado si hay gente que tiene una actitud más lúdica y divertida hacia su trabajo que otra?

miércoles, 2 de mayo de 2012

Juego, diversión y dopamina


Por Ari Rajsbaum

Los animales pasan mucho tiempo jugando, los niños pueden jugar y jugar sin detenerse. Esto hace pensar que el juego cumple  funciones importante en la vida. Esta actividad es tan importante que al estudiar cómo funcionan nuestras emociones en el sistema nervioso, el neuropsicólogo Jak Panksepp incluyó el circuito del juego como uno de los circuitos básicos en nuestro cerebro. El juego “real” (no el juego estructurado como el que se da en los deportes), es fundamental para el desarrollo de los niños, y para la salud mental en general.

Como dice Panksepp, “el juego y la depresión podrían ser lados opuestos de la misma moneda”.  Mientras la depresión está acompañada de una reducción en el funcionamiento de la dopamina (la sustancia más importante en la generación de motivación), el juego está acompañado de una fuerte producción de dopamina.

El juego está ligado a conductas espontáneas, a un sentimiento de diversión, a una fuerte motivación, a emociones de seguridad y bienestar. En el juego los niños aprenden las habilidades sociales para relacionarse entre ellos, generan desafíos físicos y mentales, en fin, ponen a prueba al máximo sus capacidades humanas cuando sienten que están en un ambiente y momentos seguros. Hoy en día se sabe que el juego es una de las actividades más importantes para el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso en general.
Si miramos con atención la forma en la que juegan todos los mamíferos (nosotros incluidos) nos daremos cuenta de que, entre muchas otras cosas que suceden durante el juego, los animales:
1)      Hacen grandes esfuerzos (corriendo de un lado para otro, tratando de adivinar los movimientos de sus adversarios y demás)
2)      Centran su atención al máximo en lo que está sucediendo
3)      Buscan enfrentarse a situaciones difíciles para tener retos que superar, un juego en el que no hay dificultad se vuelve aburrido.
¿Cómo puede ser que hacer esfuerzos, buscar desafíos y centrar la atención sea tan divertido y motivante en el juego? ¿Acaso no son precisamente el esfuerzo, los desafíos y la atención los que evocan una tremenda flojera en los adolescentes (y muchas veces en adultos)? Piense especialmente en esto: ¿Qué tan posible es que veamos nuestro trabajo como un juego? ¿Ha notado si hay gente que tiene una actitud más lúdica y divertida hacia su trabajo que otra?

lunes, 30 de abril de 2012

The Primal Power of Play

Algo sobre el juego.

Por Ari Rajsbaum

¿Piensas que los animales se divierten? Si tienes mascotas seguramente responderás que sí. Responderás esto porque habrás observado que los animales pasan una buena parte de su tiempo jugando y que siempre están disponibles para  ello. ¿Qué perro se resiste a que le lancen un palo? ¿Qué gato se resiste ante un hilo que serpentea frente a él?

Hoy se sabe que cuando los animales juegan, los circuitos cerebrales que se activan en ellos son muy semejantes a los que se activan en nuestro cerebro cuando jugamos y que secretan los mismos neurotransmisores que cuando nosotros nos divertimos.  Te recomendamos que mires el video que te mostramos aquí, en el verás a Jaak Panksepp, un neuropsicólogo especializado en el funcionamiento de las emociones. En este video puedes ver que, después de que Panksepp, hace cosquillas a la rata, esta persigue su mano para jugar con él.

Podríamos dedicar mucho tiempo a hablar sobre el juego ya que es tan importante para el desarrollo del cerebro. Como adelanto quisiera enunciar la siguiente idea:

Los mamíferos comienzan a jugar únicamente cuando se sienten seguros. El juego se da solo cuando los participantes perciben que no hay amenazas en el ambiente, cuando saben que las otras personas (o animales) no tienen intenciones hostiles.

Es muy importante pensar en esto, porque si nosotros generamos un ambiente de miedo en nuestra familia (o en otros medios), los niños y los adultos no  se van a atrever a generar un verdadero ambiente de lúdico y, como veremos en las próximas entradas, el juego es un verdadero nutriente para el desarrollo de todo el sistema nervioso.